
EL EVANGELIO
Introducción: Este documento presenta de manera sencilla, ordenada y bíblica, lo que es el evangelio. Es importante poner atención a los cuatro puntos ordenadamente para no perderse en la comprensión. Además, se han transcrito literalmente los textos bíblicos para poder usarlo aún sin tener una Biblia a la mano.
1. El gran amor de Dios:
Dios es bueno y es la esencia del amor. La Biblia dice: El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. I Juan 4:8, Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en El no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3:16. Con amor nos hizo con sus propias manos y por esta razón siempre está con nosotros, nos sostiene y no se olvida de nosotros. A cambio de ti entregaré hombres; ¡a cambio de tu vida entregaré pueblos! Porque te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra. No temas, porque yo estoy contigo; desde el oriente traeré a tu descendencia, desde el occidente te reuniré. Isaías 43:4-5, Aunque cambien de lugar las montañas y se tambaleen las colinas, no cambiará mi fiel amor por ti ni vacilará mi pacto de paz, dice el SEÑOR, que de ti se compadece. Isaías 54:10, ¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré! Isaías 49:15.
Vemos la obra de Dios en nosotros manifestada en: su amor efectivo hacia la humanidad, la existencia misma, la vida, la salud, la familia, su compañía, etc. Dios nos ama mucho.
2. La caída al pecado:
Somos pecadores desde la caída de nuestros padres. La Biblia dice: La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el SEÑOR había hecho, así que le preguntó a la mujer: -¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín? -Podemos comer del fruto de todos los árboles –respondió la mujer-. Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán”. Pero la serpiente le dijo a la mujer: -¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal. La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió. En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera. Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios el SEÑOR llamó al hombre y le dijo: -¿Dónde estás? El hombre contestó: -Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. -¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? –le preguntó Dios-. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer? El respondió: -La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí. Entonces Dios el SEÑOR le preguntó a la mujer: -¿Qué es lo que has hecho? –La serpiente me engañó, y comí –contestó ella. Dios el SEÑOR dijo entonces a la serpiente: “Por causa de lo que has hecho, ¡maldita serás entre todos los animales, tanto domésticos como salvajes! Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Génesis 3:1-14. Nuestros padres desobedecieron a Dios y su pecado ha sido traspasado a nosotros. Así está escrito: “No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Romanos 3:10-11, Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios. Romanos 3:23. Pero, del pecado Dios nos levanta y se interesa demasiado por nosotros. Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor. Romanos 6:23. Al morir Jesucristo en la cruz, pagó El por nosotros. Cristo, por el contrario, al presentarse como sumo sacerdote de los bienes definitivos en el tabernáculo más excelente y perfecto, no hecho por manos humanas (es decir, que no es de esta creación), entró una sola vez y para siempre en el Lugar Santísimo. No lo hizo con sangre de machos cabríos y becerros, sino con su propia sangre, logrando así un rescate eterno. La sangre de machos cabríos y de toros, y las cenizas de una novilla rociadas sobre personas impuras, las santifican de modo que quedan limpias por fuera. Si esto es así, ¡cuánto más la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente! Y así como está establecido que los seres humanos mueran una sola vez y después venga el juicio, también Cristo fue ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, ya no para cargar con pecado alguno, sino para traer salvación a quienes lo esperan. Hebreos 9:11-14, 27-28; porque nadie puede salvarse por su propia cuenta. Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios. Son estos pecados los que lo llevan a ocultar su rostro para no escuchar. Isaías 59:2. El nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Así lo hizo para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser herederos que abrigan la esperanza de recibir la vida eterna. Tito 3:5-7, Todo ser humano por estar en pecado, tiende a alejarse más y más de Dios.
3. Hay un solo mediador: Jesucristo.
Al no poder el ser humano salvarse por sí mismo, Dios inicia el rescate dándonos por gracia la fe que salva. La Biblia dice: Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Efesios 2:8-9, Esta fe es exclusiva de Dios y en Dios, puesto que es de El y viene de El este regalo. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Efesios 2: 4-7. Para ello, hay que oír la voz de Dios. Así que la fe viene como resultado del oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo. Romanos 10:17, El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Juan 10:10. El nos invita a recibir este regalo. Vengan, pongamos las cosas en claro –dice el SEÑOR-. ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana! Isaías 1:18, -Yo soy el camino, la verdad y la vida –le contestó Jesús-. Nadie llega al Padre sino por mí. Juan 14:6
Jesucristo derriba el muro de pecado que existe entre la humanidad y Dios, por el evangelio. Y por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz. Colosenses 1:20.
Este es el regalo de Dios: Dios hizo la creación perfecta y bonita. Adán y Eva cayeron en pecado y toda su descendencia. Estando nosotros muertos en nuestros pecados, Cristo murió por nosotros en la cruz, resucitado el tercer día y ahora pone en nosotros la fe, para que a través de ella, oigamos y veamos la gracia de Dios, pues, El nos ha dado un Redentor, para que confesando nuestros pecados y creyendo en El, tengamos vida eterna. Este es el evangelio.
4. Rechazo o bendición:
Solo hay dos alternativas: Rechazar la invitación de Dios o confesar nuestros pecados y recibir por fe a Jesucristo el Hijo de Dios, como nuestro Señor y Salvador. El gran deseo de Dios es que recibamos su regalo y estemos a cuentas con El. La Biblia dice: Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo. Apocalipsis 3:20, Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Mateo 11:28-29. Si damos el paso de obediencia a Dios, tenemos que hacerlo confesando nuestros pecados y recibiendo por fe el perdón de Dios. Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros. 1ª. Juan 1:8-10. Al sentirnos liberados del pecado, con toda fuerza del corazón, digamos que Jesucristo es nuestro Señor. Que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Romanos 10:9-10. En este momento ya usted debe sentirse recibido por Dios en su gracia, esté donde se encuentre. La Palabra de Dios afirma y confirma lo siguiente: Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, para alabanza de su gloriosa gracia, que nos concedió en su Amado. En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia que Dios nos dio en abundancia con toda sabiduría y entendimiento. Efesios 1:4-8. M.C.
¿Cuál es su decisión?
Le invitamos muy cordialmente para que nos visite en la Iglesia Presbiteriana Emanuel. 7ª. Av. 2-72, Zona 2, Quetzaltenango, E-mail: ieadmin@iglesiaemanuel.net
Inmediatamente después de haber leído y comprendido el contenido de este documento, le invito a dar los siguientes pasos prácticos:
PASO UNO: De gracias a Dios por su vida, confiese sus pecados y reciba a Jesucristo como su Señor, Salvador y Redentor en su corazón.
PASO DOS: Obtenga una Biblia y léala diariamente.
PASO TRES: Busque una iglesia formal y asista a ella regularmente. Preséntese con el pastor.
PASO CUATRO: Ore cotidianamente e invite a su familia a hacerlo.
PASO CINCO: Hable con algún líder de su iglesia para que le recomiende un buen seminario, para el estudio de la Biblia. CERE es una buena opción. Tel. 57587696 MC
No hay comentarios:
Publicar un comentario